Un insulto a la libertad de las mujeres

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 ¿Y qué si me gusta tener sexo? ¿Y qué tal hacerlo con más de una persona? y ¿si decido que quiero tomar anticonceptivos? ¿De quién es el cuerpo? ¿De quién es la decisión?

De acuerdo a Rush Limbaugh, esto me hace una prostituta.

El comentarista radial ultraconservador calificó así a Sandra Fluke, una estudiante de Derecho de la Universidad de Georgetown, en Washington, D.C., después de que ella declarara ante el Congreso a favor de que su seguro médico cubriera los anticonceptivos.

“Quiere que le paguen para tener sexo. Tiene tanto sexo que no puede pagar los anticonceptivos. Quiere que usted y yo, y los contribuyentes, le paguemos para tener sexo”, fueron algunas de las cosas que Limbaugh dijo en su programa hace unos días con respecto al testimonio de Fluke, que abogaba porque los seguros consideren la píldora como un producto farmacéutico que deben cubrir, al igual que hacen con otros medicamentos.

Este debate se desarrolla en un contexto mayor: el de la batalla de las instituciones católicas que pelean contra el requerimiento del presidente Barack Obama de que todos los seguros médicos cubran los anticonceptivos.

Fluke dijo: “Este tipo de lenguaje es el que históricamente ha sido utilizado para callar a las mujeres, especialmente las que se levantan y dicen que éstas son sus necesidades médicas reproductivas y es lo que necesitan”.

Por mi parte, soy una mujer que disfruta mucho el sexo y no me apena decirlo. Desafortunadamente, la sociedad en la cual vivo no ve esto como aceptable. Si hablo del tema abiertamente y digo que me gusta corro el riesgo de ser calificada como una mujer fácil, sin decencia. Pero si fuera un hombre que se acuesta con múltiples mujeres, el calificativo sería otro

Discurso obsoleto

Me molesta tener este tipo de conversaciones en el 2012. La triste realidad es que tenemos muchísimo trabajo por hacer y en vez de caminar hacia adelante, estamos haciéndolo hacia atrás.

¿Quién le da el derecho a un político de decidir cómo vivo mi vida? ¿Quiénes son ellos para decidir qué debo hacer con mi cuerpo y mi sexualidad? ¿Cómo es posible que un político tenga más poder y voz que yo para decidir qué pasa con lo que sólo es mío? Nunca lograré entender esta lógica. Y no sólo hablo de anticonceptivos, también hablo del aborto.

Regresando a la controversia de Limbaugh y Fluke, he notado que se ha hecho un gran esfuerzo por dejar en claro que ella no es una prostituta.

Mi pregunta es la siguiente, ¿y qué si lo fuera?, ¿qué tan diferente sería la reacción? Me imagino que Obama tal vez no le hubiese llamado por teléfono si en efecto fuera un mujer promiscua.

El enfoque no debe de ser la vida sexual de Fluke, sino el que le debemos ofrecer anticonceptivos a cualquier mujer sin importar su vida sexual. Sea o no sea prostituta, le guste o no tener sexo, tenga o no tenga múltiples parejas sexuales, le paguen o no le paguen por sexo tiene lo mismos derechos. Esto se trata de derechos humanos, no morales.

Tal vez si estuviéramos más dispuestos a hablar de nuestra sexualidad abiertamente estaríamos más dispuestos a pelear por nuestros derechos. Dejemos de lado las hipocresías y prejuicios y aceptemos que nos encanta el sexo. Todos lo hacemos, lo disfrutamos y no tiene nada de malo.

Vivimos en una sociedad en la cual criticamos a una mujer que expresa su sexualidad abiertamente. Eso no lo hace una dama respetable. Si me da la regalada gana yo puedo tener relaciones sexuales con quien yo quiera las veces que yo quiera y esto no me hace menos mujer ni mucho menos una mujer de la calle como muchos lo calificarían. Es mi cuerpo, es mi decisión, es mi vida.

¿Qué tal si de pronto le quitamos el derecho al hombre de usar un condón? Es una aberración imaginarlo, ¿no? El hombre no es juzgado por acostarse con múltiples mujeres. Al contrario, es lo que la sociedad espera de un hombre, ¿no? ¿Cuándo fue la ultima vez que calificamos a un hombre como “prostituto” por acostarse con varias mujeres?

Yo no quiero que mi hija crezca en una sociedad que la critica no sólo por expresar su sexualidad, sino también por ser una mujer independiente, educada y por querer tener el poder de decidir por sí misma cómo vivir su vida. No quiero que tenga miedo a expresarse en voz alta y a pelear por sus derechos.

A los políticos les digo, mantengan sus narices lejos de mi útero, mis ovarios y mi vida sexual. Son sólo míos.

A la sociedad le pido que deje de juzgarme por amar y disfrutar mi sexualidad abiertamente.

A mis maravillosas mujeres les pido que no tengan miedo de tener una voz activa en la sociedad y defiendan los derechos de la mujer como lo hacíamos antes. No podemos permitir que nos sigan calificando como el sexo débil, pues no lo somos. Somos mujeres fuertes, capaces y aportamos mucho a la sociedad. Debemos de reconocerlo, sentirnos orgullosas y no tener miedo a presumirlo. 

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