Pedir perdón al corazón

¿Cómo nos sentimos cuando se nos rompe el corazón?

Sentimos que no podemos respirar. Se siente como si estuviéramos encerrados en una caja sin salida. Tratamos y tratamos pero se nos hace imposible salir.

Gritamos, lloramos, nos enojamos y queremos desaparecer.

Nos sentimos aplastados, completamente rotos de mil maneras.

Deseamos que sea diferente, que no nos doliera tanto, que el dolor se esfumara.

Deseamos ser otra persona, en otro cuerpo, con otro corazón.

Nos damos cuenta de lo real que es, lo doloroso y asfixiante. Queremos salir corriendo de esa realidad que tanto nos pesa.

Y en ocasiones nos odiamos por permitir que nos pase, por permitir que nuestro corazón sea vulnerable.

El corazón nos comienza a gritar y ruega que no lo volvamos a cerrar. El pobre corazón que llora, tan confundido, roto en mil pedazos que lo único que quiere es que lo amen.

Cuando pasamos por ese profundo dolor en muchas ocasiones la cabeza culpa a ese mismo corazón. Se olvida de que el corazón también está llorando y es el que más sufre en ese momento.

Correr el riesgo

Hace un tiempo empecé una relación sabiendo que el resultado no sería muy bueno pero dejé que mi corazón corriera libremente.

Dejé que volviera a sentir, bajé la guardia y me enamoré profundamente. Puse mi corazón en la línea de fuego y no hice nada para protegerlo.

Yo sabía que la historia sería complicada desde el principio pero me arriesgué. Decidí ignorar todas las señales de aviso y tomé el camino peligroso. Y, finalmente, mi corazón salió perdiendo y lastimado.

Una noche sin pensarlo ni planearlo cuando el dolor estaba a flor de piel me escuche decir una frase que me dio paz. Por primera vez le pedí perdón a mi corazón, le dije: “Perdóname, perdóname por este dolor y no cuidarte”.

En ese momento pude respirar y comencé, también, a perdonarme a mí misma.

Por primera vez le di valor a todo lo que mi corazón sentía, sin concentrarme tanto en lo que mi cabeza pensaba, y me sentí mal por no haberme concentrado en él antes.

Yo fui la que tomó una decisión que tenía altas probabilidades de terminar en desencanto, en tristeza. Yo sabía lo que hacía desde el principio y tuve que asumir mi parte de responsabilidad por el dolor que me estaba provocando a mí misma.

No fui la única que hizo que la situación derivara en dolor pero esa persona nunca regresará a disculparse. Sin embargo, yo sí podía hacerlo conmigo misma.

Tuve que perdonarme y hablarme a mí misma por haber terminado en una situación de sufrimiento que yo misma decidí que merecí ala pena probar. Me disculpé no sólo por esta vez pero por todas las veces que decidí no proteger al corazón.

Muchas de las decisiones que tomamos en la vida no son necesariamente las mejores, y lo sabemos, pero aun así nos arriesgamos.

Nos tiramos del avión sin saber si el paracaídas funcionará y no nos preparamos para la caída.

No seré yo quien recomiende no tomar riesgos. Pero si los tomamos, tenemos que protegernos también y tener muy claro cuáles pueden ser las consecuencias.

Lo más importante es que no te sientas culpable pro haberte permitido sentir. 

Aprende a darle validez a tu dolor, sentimientos y emociones. Si tienes algo de responsabilidad acéptalo con la cabeza pero no culpes al corazón por haberse permitido intentarlo.

Y ten claro que pedir perdón no significa que te arrepientas de nada: solamente muestra compasión y entendimiento hacia tu corazón y hacia ti misma.

En perspectiva

No te arrepientas de nada, ya que en ese preciso momento era justo lo que querías.

Yo no me arrepiento de haberle permitido a mi corazón que se enamorara profundamente porque en ese momento fue la mejor sensación del mundo y me hizo sentir plena.

En ese preciso instante era lo que yo necesitaba y ese amor me hizo profundamente feliz.

Perdonar te ayuda a dejar ir lo que ya no es tuyo o tal vez nunca fue. Te enseña y ayuda crecer.

No pierdas tu tiempo buscando culpables, ni trates de entender a la otra persona y sus razones. Te volverás loca si tratas de entender el porqué. Si la otra persona es madura y sensata querrá hablar contigo y, ojalá, explicar sus razones.

No te hundas en el dolor: eso te privará de la libertad y felicidad que te mereces.

No te estanques en una persona que no vale la pena ni tu tiempo. Si la dejas ir es posible que encuentres a alguien que sí lo valga. Si lo extrañas, extráñalo, envíale buenos deseos y déjalo en paz.

Si tienes que llorar, llora, permítete reflexionar y sigue adelante. Te aseguro que si logras hacer esto volverás a respirar sin dolor alguno.

Las caídas pueden ser lecciones de vida muy importantes que nos permiten crecer y nos ayudan a prevenir otras en el futuro. Asumir la responsabilidad y darnos cuentas que nuestros propios errores también ayuda.

No culpes a tu corazón por algo que tú decidiste conscientemente. Tu corazón sólo busca amar y ser amado y no sabe de lógica, pero tú sí.

Aprende a levantarte de cada caída sin que antes te destruya. Y recuerda que todo en la vida puede ser un aprendizaje: hasta el dolor.


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